[vc_row gap=»15″ row_content_width=»grid» content_text_aligment=»left» css=».vc_custom_1492509993885{padding-top: 86px !important;}»][vc_column offset=»vc_col-lg-6 vc_col-md-12″][vc_empty_space height=»10px»][edgtf_elements_holder number_of_columns=»one-column» switch_to_one_column=»» alignment_one_column=»left»][edgtf_elements_holder_item item_padding=»0 10% 0 0″ item_padding_480=»0 2% 0 0″ item_padding_768_1024=»0 1% 0 0″ item_padding_1024_1280=»0 0 0 0″ item_padding_600_768=»0 0 0 0″ item_padding_480_600=»0 0 0 0″ item_padding_1280_1600=»0 0 0 0″][vc_column_text]Sistema extensivo. Su alimentación se basa en el pastoreo pero en épocas de mayores necesidades como es la paridera, se complementa con forrajes y concentrados. Este tipo de ganadería es de gran importancia ya que por una parte permite el aprovechamiento de los recursos forrajeros naturales y por otra, condiciona el valor paisajístico y ambiental del medio rural.
El manejo reproductivo es de un parto al año, donde los rebaños se cubren entre mayo y junio para la obtención de un parto por oveja y año. La fertilidad supera el 90%, dependiendo siempre del nivel de nutrición, manejo y época del año. La prolificidad, en general, se sitúa por encima de los 130 corderos nacidos en 100 partos, es decir 1,3.
Antes era habitual la trashumancia corta o trasterminancia (valle-montaña), en la cual, el rebaño permanece en zonas bajas mientras se encuentra en reproducción, para luego subir a los pastos de montaña en los meses cálidos del año. Las políticas públicas, el mercado, la gestión de los montes comunales y la aparición del lobo en repetidas ocasiones han limitado esta costumbre.[/vc_column_text][/edgtf_elements_holder_item][/edgtf_elements_holder][/vc_column][vc_column offset=»vc_col-lg-6 vc_col-md-12″][vc_single_image image=»11338″ img_size=»large» style=»vc_box_circle_2″][vc_empty_space height=»30px»][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_empty_space][/vc_column][/vc_row]